Cuestionar para progresar.


Ser  estudiante de ciencias implica (entre otras cosas  menos divertidas) que tus padres  hagan mutis al ser cuestionados  sobre tu ocupación.  ¿Y a qué se dedica tu hijo?  preguntan los curiosos; es estudiante,  responden mis  padres en un  intento  de evadir  el peliagudo tema. Sí, ¿pero de qué? ¿qué estudia? Bioquímica -se aventurará a decir acertadamente mi madre- Ah… ¿y eso, para qué sirve? Y entonces no se habla más. Nadie sabrá la respuesta.

Confieso que escribo esta nota después de haber escuchado un monólogo en el que el comediante decía, palabras más, palabras menos: “¡Si me dicen Ramón y Cajal, pienso en una pareja de detectives!” Estallé inmediatamente en una carcajada, pero sé que de estar con mi hermana o mis padres, o algún otro familiar o amigo cercano, mi carcajada no hubiese tenido eco. Ramón y Cajal no eran detectives. Ni siquiera eran “un par”. Ramón y Cajal fue un médico español que ganó en 1906 el Nobel de medicina por sus estudios con neuronas al inicio del siglo pasado, cuando las neurociencias aún no eran tal. La soledad de mi risa me llevó a preguntarme por qué si la ciencia es esencial en nuestras vidas, se esquiva tanto por el grueso de la población.

Para ser un científico se necesitan al menos dos cosas: Ser un curioso irrefrenable y tener una actitud escéptica sana. La primera es una cualidad inherente a los humanos, nos es innata; la segunda es adquirida.
Cuando los bebés empiezan a gatear, observan, tocan, sienten, lamen todo lo que se encuentran a su paso. Esa experimentación es esencial para entender el mundo que les rodea. Con el primer requisito no tenemos problema alguno, la naturaleza misma nos ha hecho 50% científicos en ese aspecto. ¿Es entonces el escepticismo nuestro problema? ¿Por qué, si es gratis, nos cuesta tanto cuestionar?

Ser escéptico es no aceptar las cosas como hechos irrefutables, es cuestionar cuando se nos presentan verdades que parecen absolutas. Esta actitud, por su puesto, debe ser racional y moderada: resultaría poco práctico ser escéptico respecto al hecho de que ingerir sosa cáustica es contraproducente.
La ciencia se yergue en aras del escepticismo, y es esa una de las características que le permiten progresar. Cada vez que un investigador publica sus resultados, la comunidad científica puede leer, además de las conclusiones de esa investigación, el método empleado para obtener tales resultados. La crítica no sólo existe en esa comunidad de científicos, sino que se promueve. La crítica y la duda constituyen parte fundamental de la ciencia, pues es necesario que los nuevos descubrimientos sean válidos y reproducibles (que en otro laboratorio, en las mismas condiciones reportadas, se obtengan los mismos resultados).

El escepticismo no es sólo pieza angular en la ciencia. En prácticamente cada aspecto de nuestras vidas puede aplicarse para evitar embaucos. ¿Cremas faciales con células madre? ¿Pulseras magnéticas para equilibrar tus “vibras”? ¿Lectura de cartas, de mano, de posos de café? Claro, previo pago de una módica cantidad de dinero. Dejar de lado el escepticismo es nocivo. La credulidad irremediablemente nos convierte en víctimas de la charlatanería y, en algunos casos, de fraudes millonarios.

Dos factores críticos me parecen relevantes en la pérdida del escepticismo. Primero, un sistema educativo que está basado en la memorización y no en la racionalización. El niño aprende que el sol sale por el este, pero no porqué. No sabe que ese hecho cotidiano se debe a que la tierra gira ¿en qué dirección? Se los dejo de tarea.
Obligarle al niño a memorizar está muy bien si lo que queremos es formar campeones del memorama, pero en un mundo cada vez más exigente, formar máquinas de memorizar es estúpido y atenta contra el desarrollo del país.
El otro factor que aniquila nuestra capacidad de escepticismo es la televisión. En México la mayoría de la población tiene acceso a TV. Los niños pasan en promedio 5 horas frente al televisor (¡El mismo tiempo que pasan en la escuela!).
Desde luego, existen legislaciones para regular la programación que se ofrece a nuestros infantes. El artículo 59 de la Ley Federal de Radio y Televisión establece que se deben transmitir al menos 30 minutos de programas culturales, educativos o de orientación social; de manera diaria, obligatoria y gratuita. La misma Ley, en el artículo 59-Ter en su sección IV, obliga a que la programación para niños estimule el interés artístico, científico y social de los mismos. Claramente esto no se cumple. En lugar de ello, podemos sintonizar con mucho gusto programas como “ExtraNormal”, dedicado a fenónemos paranormales y que se engalana siempre con la presencia de “expertos” en la materia (¿De qué Universidad se gradúan esos expertos?). “Dificil de creer” es también otro programa que, presentado como de divulgación científica, fomenta la credulidad en fenómenos como los viajes en el tiempo y profecías del fin del mundo, entre otros contenidos de dudosa veracidad.
Peor aún, al rededor de la media noche empiezan la jornada de infomerciales que por lo regular anuncian productos milagro: Aparatos que te hacen bajar de peso por efecto de la vibración; “calcio” de coral que cura prácticamente todas las dolencias; reguladores del pH sanguíneo (aprovechándose de que poca gente sabe qué es el pH), etcétera. Cuestionar las bondades de estos productos, es decir, ser escépticos; puede ser la diferencia entre conservar la salud o no.

El escepticismo debe aprenderse. Debe ejercitarse. Empiece con usted mismo, ¿La goma de mascar con clorofila le ayudará a tener cloroplastos más saludables?* ¿Encender veladoras rojas a la luz de la luna acercará al amor a su puerta? Y si tiene niños en casa, no olvide estimular su curiosidad y fomentar el escepticismo en ellos.
La materia prima para el desarrollo de una nación son sus habitantes. Y mejor que esos habitantes sean críticos a que sean borregos que sólo siguen a la manada.

*¿Tiene usted cloroplastos?

(@RodAG_ en twitter)

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Acerca de RodAG_

Casado con la ciencia (pero tengo un affair con las artes). Apuesta: eLearning, Open Access/Source. Sharing is caring. @RodAG_ en twitter.
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7 respuestas a Cuestionar para progresar.

  1. leona dijo:

    fácil, entonces cuando tus papis les cuestionen a que se dedica el hijo pues que digan… es un escéptico y curioso, que hace?. no se muy bien, pero el encontrará la respuesta. eeh. ju. me hubiera encantada estudiar ciencias más por mi cultura popular que por mi vocación estudiantil en verdad. pero creo nunca nadie me platico de que se trataba ja.. lastima.. tal vez algún buen día.

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    • RodAG dijo:

      Sí, adolecemos de discreción. Pocos son los que se enteran que en México puede estudiarse y hacerse ciencia.
      Espero, por el bien de nuestro país y de sus habitantes que la barrera se supere pronto. Gracias por comentar.

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  2. El acercamiento que ofrece el post es orientado en mucha medida a las instituciones que se encargan de la formación e información de la sociedad.

    En cuanto los organismos responsables de nuestra escolarización, estos debiesen atraer a aspectos como la interrogación, la crítica y el cultivo a la investigación (y más aún desde tempranas edades) y no a lo que la OCDE y otros proponen como ¨competencias” en el afán plenamente conductista de cumplir tareas y logros (vamos que estos no es un juego de consola al puro estilo arcade).

    Es la enseñanza preocupada en el producto y no en el cómo. Si a fin de cuenta a mi como profesor el sistema educativo me exige evaluar y apegarme a resultados y no a procesos de formación, entonces es cuando la memorización por consiguiente ofrece temporalidad y no calidad de lo aprendido.

    Entre eso y muchas cosas los científicos a mi parecer son de los mas preocupados en su proceso de enseñanza, y como no estarlo, si es quien impide su extinción (el proceso de enseñanza). En gran medida la retribución cíclica de lo que llamaríamos ciencias duras o exactas es la de producir, divulgar y formar a sus predecesores. Y aunque la investigación no solo confiere a estas ciencias, sino a todas las disciplinas del quehacer educativo, es con preciso interés preguntarnos (y ya que andamos en eso): ¿por qué la sociedad reprime el arte de preguntar? ¿por qué a estas alturas todavía representa saber un delito? ¿mi país y su SEN serán capaces algún día de promover la enseñanza debida y no la reproducida?

    Me extendí, ofrezco disculpas pero de verdad exige revisión también de mi área: desarrollo humano y pedagogía. Me toca

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    • RodAG dijo:

      ¡Muchas gracias por el comentario!
      Ciertamente la educación necesita una reforma, ¿has pensado en compartir en un blog la perspectiva humanista y pedagoga al respecto? Invertir en ideas es gratis y enriquece.
      Esperando leer algo más desde tu perspectiva. ¡saludos!

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  3. Ser inventor y que sea rentable y funcione lo que inventas, también es sumamente difícil. Cuando estas en la industria las hipótesis falsas no son muy bien aceptadas.
    Y mas difícil es remar contra la corriente cuando todos son TV adictos. La TV se convierte en un dios indestructible, es mas un dios que tiene que emigrar al plasma faltaba menos…

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    • RodAG dijo:

      Sí. La actitud es apenas el principio. El freno que tenemos respecto al sistema burocrático que nos invade de “si no se vende no es útil” tiene mucho que ver con el modelo económico que nos rige, aunado al consumismo impuesto también por los medios.
      La televisión es un arma de doble filo, pero los de atrás, los de arriba, la han convertido en un enemigo poderoso. La batalla es grande, hay que empezar desde nuestro círculo.
      ¡Gracias por el comentario!

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  4. Pingback: Hablar para ser escuchado. « Nota Mínima

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