Mi perro me entiende


Luca

Ese de la foto es Luca. Es un perro mestizo, de esos a los cuales llaman callejeros. Adopté a Luca cuando él era apenas un cachorro de semanas y estaba a punto de ser sacrificado. Se llama Luca en honor al último ancestro común universal, o en inglés last universal common ancestor. Varias veces a mí y a mis amigos nos ha sorprendido Luca pues es un animalito muy empático. Basta con hablarle un poco para que él reconozca tu estado de ánimo: agacha las orejas, esconde el rabo y pone ojos tiernos cuando lo estás regañando; mueve la cola y se pone juguetón cuando lo mimas, y da “besitos” y se sienta cerca cuando me escucha triste. Todos los que tenemos o hemos tenido perros anteriormente sabemos que esta no es una característica exclusiva de Luca, sino de los perros en general: de esa especie que se convirtió en un amigo y compañero inseparable del humano a través de la domesticación de los soberbiamente hermosos lobos.

Durante mucho tiempo se creyó que la capacidad de los perros para reconocer el estado anímico de los humanos fue una característica que surgió durante la domesticación del perro a partir del lobo y que, posteriormente, se fijó en esta especie a través de la selección artificial, de la misma manera en que se seleccionaron de manera consciente algunos caracteres como la docilidad, el tamaño, la agudeza del olfato o del oído. Pero el reconocimiento acústico está presente en diversas especies, no sólo en el humano y en las especies que domesticó a través del tiempo. Esto puede verse claramente cuando se observa el comportamiento de distintos mamíferos: monos que mediante diferentes sonidos alertan a su grupo acerca de peligros inminentes, llamados especiales de apareamiento en, por ejemplo, renos; y atención de las madres al llanto de sus cachorros. El reconocimiento acústico, y la distinción del ánimo con el cual se emiten los distintos sonidos, es fundamental para la supervivencia de una especie como grupo y para la toma de decisiones en conjunto.

En los seres humanos, nuestro cerebro contiene una región especializada que se encarga de procesar la información acústica y que distingue a los sonidos vocales de los no vocales. Es decir, existe en nuestro cerebro una región que reacciona de manera distinta cuando escucha una voz que cuando escucha, por ejemplo, el caer de una roca. No sólo esto, nuestro cerebro también distingue si la voz que escuchamos está contenta, triste, molesta, etcétera (esto sucede en la mayoría de las personas, aunque en algunos padecimientos como el síndrome de Asperger el reconocimiento de las emociones a partir de estímulos acústicos resulta cuasi-imposible). No sólo esto, sino que además las mismas regiones se han identificado en el cerebro de otros primates, como monos o babuinos. En el caso del perro, una nueva investigación publicada en la revista Current Biology demostró mediante el uso de técnicas de resonancia magnética que los cánidos tienen también un área del cerebro que se encarga del procesamiento de los sonidos y de su distinción entre sonidos vocales y no vocales (considerando como voz a la voz humana y los ladridos de otros perros). Para realizar el experimento, un grupo de investigadores húngaros entrenó a 11 perros para que permanecieran quietos dentro de un escáner de resonancia magnética mientras los hacían escuchar diferentes sonidos grabados, los cuales incluían sonidos vocales en distintos estados anímicos y sonidos no vocales. Este grupo de investigadores además consiguió la participación de 22 voluntarios humanos que se sometieron al mismo experimento: mientras eran escaneados para la resonancia magnética, escucharon el mismo conjunto de grabaciones. Los resultados confirmaron algo que los dueños de perros, como yo, ya sabíamos: en los perros y en los humanos el cerebro reacciona de manera muy similar. Incluso el área que se encarga del procesamiento y reconocimiento de la voz se encuentra situada en la misma posición del cerebro. El tipo de resonancia que se utilizó para este experimento fue una resonancia magnética no invasiva que monitorea el flujo sanguíneo. Una mayor irrigación sanguínea en cierta zona del cerebro indica una mayor actividad en esa zona particular. Así, también se demostró que los perros responden de manera diferente cuando las voces representan un estímulo positivo (mimos, voces alegres, ladridos amistosos) que cuando los sonidos vocales son negativos (regaños, tristeza, gruñidos o ladridos a la defensiva). Esto muestra, por un lado, que la gran empatía que tienen los perros con los humanos no fue un producto como tal de la domesticación y coevolución de estas especies (un proceso que tiene poco más de diez mil años de antigüedad), sino que tiene sus bases en un ancestro común a los perros y los humanos*, los cuales se separaron evolutivamente hace 90-100 millones de años; por otra parte, el estudio sugiere que en otros mamíferos pueden encontrarse áreas similares de procesamiento vocal. Esto pudiera explicar por qué los mamíferos han tenido un éxito evolutivo tan devastador, pues la comunicación intra e interespecie proporciona una herramienta poderosa para la organización social y la protección de los individuos que conforman a una comunidad.

Uno de los perros que se sometieron al experimento, a punto de entrar al escáner por resonancia. Los tubos que salen de las orejas del perro son audífonos a través de los cuales escucharon a las distintas grabaciones de sonidos.

Al final, la pregunta de los diez millones, ¿cuáles de esas zonas del cerebro que creíamos exclusivas de los humanos son realmente exclusivas de los humanos? al eliminar los prejuicios que nos han impuesto y las ideas de que el hombre posee un lugar especial entre los seres vivos (por creación divina o por alguna otra concepción antropocéntrica) encontramos nuestro lugar en una gran red en la que no existe supremacía humana. Experimentos como este desdibujan esas fronteras imaginarias que durante mucho tiempo han estado presentes en las civilizaciones y nos sitúan en el mismo plano que a los otros seres vivos: como entidades biológicas al igual que el resto de los organismos y que, por lo tanto, tenemos y debemos asumir nuestra responsabilidad como integrantes de esta vasta red que compone a los ecosistemas del planeta.

*Aunque la explicación más probable para la similitud en las regiones de procesamiento vocal entre el cerebro humano y el de los perros es que esta región estuvo presente en un ancestro común, tampoco puede descartarse totalmente la idea de una evolución convergente: que esta característica haya aparecido, de manera independiente, en ambas especies sin estar presente en un ancestro común.
Anuncios

Acerca de RodAG_

Casado con la ciencia (pero tengo un affair con las artes). Apuesta: eLearning, Open Access/Source. Sharing is caring. @RodAG_ en twitter.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

¡Tu opinión me interesa!:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s