Ciencia y tecnología – Hermanas pero no gemelas


Como parte de las actividades de la asociación Más Ciencia Por México, de la cual formo parte, algunas veces nos desmadrugamos en el programa Sinergia Radio, el cual se transmite a las 5:45 am a través de Radiológico (100.1 FM en Cuernavaca o en línea). El día de hoy tuve una participación interesante por la naturaleza de la discusión que se llevó a cabo durante el programa. La charla estuvo enfocada principalmente en la relación que la ciencia y la tecnología establecen para el desarrollo mutuo de ambas disciplinas. Muchas veces, sin embargo, resulta difícil establecer una línea que divida a ambos conceptos, ¿existe una diferencia entre ciencia y tecnología? Parece una pregunta trivial, pero la respuesta muchas veces no nos viene a la mente de manera rápida, y cuando lo hace, pocas veces es una respuesta acertada.

Esa pregunta se la formulé a Abraham Popoca, nuestro anfitrión en la radio, durante un corte comercial y sus respuestas me hicieron recordar una discusión un tanto acalorada que sostuve hace unos meses con una profesora y mis compañeros de clase. Para mí siempre ha estado claro  que la ciencia no persigue mejorar la calidad de vida de los seres humanos, no se empeña en ofrecer solución a los problemas a los cuales se enfrenta la humanidad y mucho menos pretende impactar en la sociedad. Suena crudo y suena amargo, ¿verdad?. Este punto de vista, meramente personal, fue el que dio inicio a la discusión con mis compañeros de clase y con mi profesora y fue también el punto de partida para la participación que tuve el día de hoy con Abraham Popoca. Pero entonces, si la ciencia no sirve aparentemente para nada, ¿para qué hacemos ciencia? Yo no sé las razones de mis colegas, pero la razón por la cual yo me dedico a las ciencias, y en particular a las ciencias naturales, es por egoísmo puro. A mí me causa satisfacción “arrancar pedacitos de verdad al Universo”, como alguna vez comenté también en Sinergia Radio. Yo no lo hago para mejorar al mundo, lo hago porque me hace sentir bien a mí. Yo no estudio ciencias porque pretenda mejorar la calidad de vida de los demás, lo hago porque mediante el estudio de los fenómenos que suceden a mi alrededor me conozco más a mí mismo.
La ciencia, según el diccionario de la Real Academia Española, no es más que el conjunto de conocimientos que se obtienen mediante la observación y el razonamiento –cuando estos se dan de manera estructurada– y a partir de los cuales pueden derivarse leyes o principios. Esa definición de diccionario puede resumirse en una pieza medular: generación de conocimientos. Eso es la ciencia. Por eso me pongo una bata todos los días (o casi todos) y siembro centenares de semillas de cactus, porque quiero generar conocimiento. ¿Será ese conocimiento útil para ti, para mi familia, para mis lectores o para el resto de la sociedad? La respuesta más sincera es que no lo sé. Porque de esa parte se encarga la tecnología. La tecnología es, pues, el conjunto de teorías y técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico (esta también es definición de la RAE).

Seguramente estás en desacuerdo con mi visión egoísta y desapegada de la ciencia. Es válido. Y además es completamente entendible cuando consideramos que el trabajo de los científicos (como espero serlo en un futuro cercano) está financiado con dinero que sale directamente de tus bolsillos en forma de impuestos. Pero déjame ahondar un poco más en mis ideas. Aun cuando el conocimiento científico no persigue –o no debería perseguir– su aplicación práctica, no significa que sea un conocimiento inútil. Cuenta una leyenda que Michael Faraday notó por accidente que al acercar un imán a un alambre de cobre en forma de espiral, se registraba una corriente eléctrica pasando a través del cobre. Faraday estaba fascinado: sin siquiera tocar el alambre, sin conectarlo a ninguna fuente de generación de energía, el movimiento del magneto con respecto al alambre generaba electricidad, ¡era un asunto de magia! Bueno, no, de magia nada. Faraday estuvo muy intrigado por ese fenómeno, tanto que en cada ocasión que podía realizaba la demostración de cómo el imán y el alambre de cobre podían interaccionar sin siquiera tocarse. Un día, según cuenta la gente, cierta señora se acercó a Faraday luego de una demostración como la referida y le preguntó: Señor Faraday, todo esto es muy bonito, ¿pero de qué sirve este truco que nos presenta? Imagina la reacción de nuestro Faraday, envuelto en un smoking, con los rizos de su cabello relamido y peinado “de librito”, ¿qué para qué nos sirve? ¡y qué importa para qué sirve! Faraday contestó con otra pregunta: Señora mía, ¿qué utilidad práctica tienen los recién nacidos? Ciertamente son frágiles, tienen fugas de fluidos, no entienden ni una jota de lo que se les dice y no nos proporcionan ningún beneficio. El buen Faraday daba en el clavo de este post: No generamos conocimiento para aplicarlo, generamos conocimiento por el puro placer de ignorar menos (parafraseando a Sor Juana). Para la Inglaterra del siglo XIX en la que Faraday presumía su experimento, pudo parecer inútil o quizá tonto ese truquillo de mover un imán en presencia de un alambre de cobre. Pero a partir del estudio de ese fenómeno Faraday propuso principios que mediante su aplicación son la base de todos los circuitos electrónicos que utilizamos actualmente, desde los procesadores en tu computadora hasta los sistemas de navegación satelital. Prácticamente todo lo que utilizamos requiere para su manufactura o funcionamiento de motores eléctricos, una tecnología que sin aquella observación de Faraday hubiese sido virtualmente imposible de desarrollar. Al final, los bebés recién nacidos pueden parecer inútiles, pero en ellos está el potencial de convertirse en un premio Nobel, en el siguiente personaje que revolucione a la ciencia, en un artista sobresaliente, o incluso en un presidente que (por favor) tenga consciencia social y trabaje en pro de sus votantes, aunque ciertamente no es por ninguna de estas “aplicaciones” que generamos bebés recién nacidos.

Entonces, para responder a la inquietud, la ciencia y la tecnología no son lo mismo pues difieren en sus métodos y objetivos. Ahora bien, la “ciencia aplicada” (¡ah, cómo odio este término!) se parece mucho a la tecnología, aunque yo no logro ver la diferencia. Esta es una de las razones por las cuales los recortes presupuestales a la ciencia básica (la que se parece a la “ciencia” como la define la RAE) y el aumento de presupuesto a la “ciencia aplicada” (la que se parece a la tecnología, como lo define la RAE) no solamente resulta absurdo para un país en desarrollo como lo es México, sino que además es nocivo. ¿Qué conocimiento va a aplicarse si no se genera conocimiento en primer lugar?

Y bien, gracias por leerme, o por escucharme en el programa de radio si eres de los que madrugan, pero sobre todo, gracias por compartir en la sección de comentarios tus ideas, diferencias de opinión y sugerencias o regaños, de todo se vale en este blog.

¡hasta la próxima!

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Acerca de RodAG_

Casado con la ciencia (pero tengo un affair con las artes). Apuesta: eLearning, Open Access/Source. Sharing is caring. @RodAG_ en twitter.
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5 respuestas a Ciencia y tecnología – Hermanas pero no gemelas

  1. Andy ICARO dijo:

    Hablas de ciencia pura, ciencia aplicada y tecnología.
    y si estoy de acuerdo con tu Nueva Visión egoísta.
    No se por qué tu profesora lo tomo como punto de discusión.
    Pero bueno. Animo mi gus. la ciencia no espera. ;)

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    • RodAG_ dijo:

      Andy, muchas gracias por el comentario.
      Qué gusto saber que compartes mi concepción de la ciencia; el asunto en clase fue más bien un debate entre todos los estudiantes y la profesora, de todos solamente dos alumnos defendíamos a la ciencia por la generación del conocimiento, el resto por su aplicación. Y está bien, creo, finalmente la pluralidad de ideas nos ayuda a construir un panorama más integral en uno o muchos ámbitos particulares.

      Qué gusto leerte por aquí, ojalá te lea pronto de nuevo.
      :)

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      • Andy ICARO dijo:

        Tus compañeros defendían la ciencia aplicada, porque sus posibilidades de hacer $$$$$$ aumentan, es por eso que en Mexico no les interesa la ciencia básica. Error garrafal. La ciencia básica es más lucrativa a largo plazo. Faltan pioneros como tú.

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  2. zoe dijo:

    hola tengo 14 años y me interesa estudiar ciensias pero me preocupa no poder hacerlo debido a la poca importancia que se le da , como se podria solucionar eso? por cierto quisiera saber cuanto puede llegar a cobrar un cientifico en Argentina

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    • RodAG_ dijo:

      Hola Zoe.
      Muchas gracias por tu leer el blog, pero sobre todo por tu interés en la ciencia. La problemática que comentas (falta de apoyo a la ciencia y la tecnología) son un problema multifactorial en el que influyen entre otros la educación deficiente de los ciudadanos, la apatía de nuestros representantes de elección popular (gobernantes, diputados, senadores, etc), y la situación económica de cada país. Tu pregunta sobre cómo solucionar esto… wow. Es un mundo entero de cosas que debemos cambiar, pero gente como tú, interesada en las ciencias, son uno de nuestros principales motores para ese cambio.

      Respecto a la pregunta acerca del salario de un investigador en Argentina, realmente no lo sé; en México el salario depende de si estás en una Universidad o en una empresa, si perteneces a un padrón de científicos (el Sistema Nacional de Investigadores, en nuestro caso) y de otras cosas que haces como investigador, por ejemplo, dar clases. El sueldo no es millonario pero permite vivir cómodamente, que eso no te preocupe por ahora :)

      Saludos,
      ¡hasta la próxima!

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